Pensar/ sentir

Pensar en un sentimiento, no es lo mismo que sentir el sentimiento como tal. Esto puede parecer obvio, pero ¿qué tan seguido nos dedicamos solo a prestarle atención a nuestros sentimientos, dejando de lado las ideas que podamos tener respecto al mismo?

Acostumbrados a racionalizar todo, es común que nos olvidemos de darnos el tiempo para sentir nuestras emociones, y nos quedamos estancados en el análisis mental que podemos hacer de las cosas o situaciones.

Esto, muchas veces, nos lleva a sentirnos confundidos, porque podemos entender claramente una situación, pero aun así seguir sufriendo por la misma lo que nos crea aún más conflicto.
Un ejemplo claro de esto es cuando nos dicen algo que nos duele. Esa persona se puede disculpar con nosotros y podemos aceptarlo y entender que las palabras fueron dichas productos de la discusión, sin embargo, nos sigue doliendo y cuando vuelve a ocurrir algo similar, se nos vuelve a despertar la misma emoción y el recuerdo.

Entender las cosas mentalmente es solo una parte, es necesario luego, darse el tiempo para sentir conscientemente, aceptar lo que estamos sintiendo y simplemente sentir.

10 veces más densas

A diferencia de un pensamiento, una emoción  necesita más tiempo en ser procesada. Podemos pasar de un pensamiento a otro en milisegundos, sin embargo, pasar de una emoción a otra no es tan fácil.

Mientras no le pongamos atención de manera consciente a nuestras emociones, van a seguir ahí, y puede que logremos esconderlas, pero será solo hasta que un próximo evento las despierte.

Decidir sentir de manera consciente es lo que nos permite llegar al entendimiento, no solo desde el plano mental, sino desde la comprensión y aceptación de nuestras emociones.

Más que palabras bonitas

Es frecuente ver en redes sociales post relativos a cómo podemos cambiar lo que sentimos solamente porque lo decidimos. Si bien es cierto que nuestra actitud es importante, también lo es aceptar que muchas veces no lo controlamos y que negarlos no cambia lo que sentimos. Esos pensamientos son gatillados por emociones que no hemos resuelto y mientras no nos demos el tiempo de prestarles atención y sentirlas, van a seguir ahí.

Ser positivo ayuda, pero no lo utilicemos de excusa para negar aquello que realmente estamos sintiendo. Aceptemos nuestras emociones, son parte de nosotros y hay que prestarles atención.